8 de abr. de 2011

LA INFORMÁTICA EN LOS DESASTRES NATURALES



            El termino desastre o catástrofe es un hecho natural o provocado por el hombre que afecta negativamente a la vida, al sustento o a la industria, desembocando con frecuencia en cambios permanentes en las sociedades humanas, ecosistemas y medio ambiente. Una catástrofe es un suceso que tiene unas consecuencias terribles. Los desastres ponen de manifiesto la vulnerabilidad del equilibrio necesario para sobrevivir y prosperar.
El viento, las olas y toda la dinámica natural nos muestran la compleja interrelación que existe entre la litosfera, hidrosfera, atmósfera y biosfera. Gran parte de esa dinámica son para los seres humanos casi imperceptibles, como la erosión y la sedimentación producidas por el viento, los ríos, los glaciares, entre otros. Sin embargo, hay momentos en los cuales el comportamiento de los elementos naturales se vuelve violento, como los movimientos sísmicos y las erupciones volcánicas, poniendo en riesgo las sociedades, sus bienes y sus actividades. Un movimiento sísmico, un huracán o cualquier otro fenómeno extremo de la naturaleza se convierten en desastre o catástrofe cuando ocasiona pérdidas humanas o económicas. Es decir, se denomina “Desastre Natural” sólo cuando el problema social o económico es detonado por un fenómeno de la naturaleza. El cientifico de la revista Muy Interesante hace mención: Loe Golden dice “… un peligro latente se convierte en desastre si ocurre donde vive gente”. (P.15)
            Las consecuencias de los desastres naturales no deben mirarse únicamente desde el punto de vista de las vidas que se pierden, sino también desde el punto de vista económico, porque constituyen un obstáculo para el desarrollo económico y social de la región, especialmente en los países en desarrollo. Los desastres pueden tener consecuencias tardías, es decir que sólo se pueden evaluar a lo largo de varios años. Una sequía o una inundación pueden afectar la economía de la región o de un país de manera tal que repercuta en la calidad de vida y en la salud de su población por varios años, incluso décadas.  Una de las causas más importantes de la lentitud en el proceso de recuperación y reconstrucción de los países en desarrollo y subdesarrollados después de un desastre, es porque no cuentan con un alto porcentaje de bienes asegurados como los países desarrollados.
            Se puede citar como referencia el huracán Andrew que azotó a Estados Unidos en 1992, ocasionó 30.000 millones de dólares de pérdidas, pero el 75% corrieron a cargo de compañías aseguradoras. En cambio, las inundaciones y deslizamientos de tierras que asolaron China en 1996, provocaron un perjuicio económico de 24.000 millones de dólares, pero sus seguros no alcanzaron a cubrir ni el 2% de las pérdidas. Además, pasado el fenómeno, las víctimas no sólo necesitan ayuda material sino también apoyo psicológico. Los estudios demuestran un elevado aumento de casos de estados depresivos, personas con problemas relacionados con el consumo de alcohol y drogas, e incluso un preocupante incremento de la tasa de suicidios.
            Un punto a tener en cuenta es que los desastres o catástrofes originados por fenómenos naturales son cada vez mayores y acarrean pérdidas millonarias. Los científicos que observan, registran y analizan la dinámica natural afirman que la frecuencia de los casos extremos no ha aumentado considerablemente. La magnitud de la problemática parte del aumento de la población mundial y de la pobreza. Los riesgos tanto físicos (lesiones y muertes) como sociales y económicas son agravados por el dónde y el cómo construye el hombre sus viviendas.
En la actualidad, al menos un cuarto de la humanidad vive en zonas vulnerables a los desastres, sobre todo en los países en desarrollo y subdesarrollados. En ellos, la gente asienta sus viviendas en lugares propensos a sufrir estas catástrofes. Por ejemplo, en las zonas de montañas, los sectores de escasos recursos, construyen donde los aludes pueden arrastrar pueblos enteros, como sucedió en Varga, El Blandin (Caracas - Venezuela), o como recientemente  por los aguaceros que han golpeado principalmente a los estados costeros de Anzoátegui, Falcón, Miranda, Vargas, la capital Caracas y Zulia, donde un alud cobró más 56 mil personas afectadas y 5 mil 600 (Noviembre 2010). Otro ejemplo a analizar, son las viviendas asentadas en las riberas de ríos. En los momentos en que los mismos aumentan su caudal, desbordan y producen graves inundaciones.

            
La telecomunicaciones y la tecnología de la información son componentes claves en nuestra capacidad de respuesta ante los desastres. Permiten recolectar información a tiempo real y ponerla de inmediato a disposición de todos los participantes en las campañas de asistencia. Otras formas de tecnología (particularmente la tecnología militar) sirven a un propósito dual en una catástrofe. Los mismos vehículos que transportan la tropa a la guerra pueden rescatar a los refugiados de un desastre. Los mismos aviones de reconocimiento fotográfico usados para espiar al enemigo pueden dar una visión clara de la extensión del daño. La misma tecnología usada para acumular inteligencia artificial puede localizar llamados de móviles, radios e incluso señales de audio de las víctimas atrapadas en áreas remotas. El escáner infrarrojo usado para identificar a los soldados enemigos en un búnker o edificio, también puede localizar a una familia perdida en la jungla.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Para la detección y prevención de los desastres naturales, las sociedades cuentan con la tecnología.
De esta manera, la década de 1990 ha sido declarada en la XII Asamblea General de las Naciones Unidas, como Década Internacional para la reducción de las Desastres Naturales (DIRDN). Así, con la ayuda de las nuevas tecnologías, como la espacial (satélites de teledetección), la de las comunicaciones (telemática) y la de los censores.
Por su parte, gran cantidad de científicos (meteorólogos, vulcanólogos, etcétera) están dedicados a estudiar como se originan y desarrollan estos fenómenos. Su objetivo es tomar las medidas necesarias con el fin de aminorar los efectos de los desastres naturales y educar a la población para afrontarlos y contrarrestarlos en la medida de lo posible.
La contribución de la tecnología en la prevención de los desastres es notable, por un lado, a través de las imágenes satelitales se puede conocer la cartografía de las zonas de riesgo como por ejemplo, de las áreas fácilmente inundadles. Incluso, los satélites de percepción remota, que utilizan técnicas fotográficas con rayos infrarrojos, pueden emplearse para detectar modificaciones en la densidad de la vegetación en zonas proclives a las sequías. También hay satélites meteorológicos que permiten la predicción y seguimiento de las tormentas tropicales.
Por otro lado, por medio de satélites, como el GPG —que es controlado por la estación espacial National Aeronautics and Space Administration (NASA), se pueden medir los desplazamientos de las placas tectónicas, aunque sean milimétricos, lo que permite advertir sobre una futura actividad sísmica o volcánica.
Asimismo, la NASA ha desarrollado un escáner térmico multiespectral de infrarrojos (TIMS) que opera desde un avión y puede detectar los cambios en la temperatura del magma de los volcanes. Esta información resulta sumamente útil para predecir sus erupciones o seguir la evolución de las nubes eruptivas.
Los beneficios más evidentes de la observación son, entre otros, la capacidad de respuesta ante sucesos naturales extremos; la prevención de posibles focos de enfermedades (como la malaria) que dependen de factores como la temperatura, la humedad y la vegetación de una zona; y el seguimiento de problemas medioambientales (capa de ozono, cambio climático, contaminación, entre otros.).
En este sentido, es imprescindible un conocimiento global, que pueda dar idea de las cuestiones que afectan a toda la Tierra, como el cambio climático o el agujero de la capa de ozono, y un conocimiento local o regional que permita determinar, por ejemplo, la contaminación de una zona urbana, detectar la presencia de incendios o avisar en caso del acercamiento de un huracán.
Las redes de sensores y estaciones de medición en tierra, apoyadas por las “imágenes” de los satélites proporcionan información valiosa para este conocimiento, aunque aún existen deficiencias en el alcance de las mediciones, que no abarcan igualmente a todas las zonas del planeta.
Las TICs facilitan la conexión necesaria entre los sensores remotos u otros dispositivos de vigilancia u observación del medio y los centros de recogida y análisis de la información para colocar a disposición de sus posibles usuarios, en muchos casos vía Internet, tanto para su análisis científico o político, como para uso por ciudadanos particulares, la información necesaria para ejercer así su derecho a conocer la situación medioambiental.
Aunque muchos desastres naturales dañan las infraestructuras terrestres de telecomunicaciones y dejan a las zonas afectadas incomunicadas en los primeros momentos, las tecnologías inalámbricas permiten garantizar las comunicaciones entre los servicios de emergencia que desarrollen labores de rescate.




Los sistemas vía satélite son un claro ejemplo de tecnologías que permiten la comunicación sobre todo en los momentos posteriores al desastre, que son los más críticos, o en zonas donde falta o no existe electricidad.
En el caso de Venezuela se cuenta con el Proyecto Centro Nacional de Prevención y Atención de Desastres (CENAPRAD) tiene como misión Recabar, procesar, analizar, registrar y difundir la información relativa a riesgos y desastres para contribuir a su reducción y a la vez ejercer el Comando y Control de las operaciones durante un evento con efectos adversos y definir, además de las plataformas tecnológicas, el tipo de información que debe ser intercambiada de manera permanente entre los diferentes sectoriales que conformarán el proyecto.
A través de estas tecnologías se logrará la obtención y el procesamiento de información nacional e internacional relativa a riesgos que puedan derivar en desastres de origen natural o antrópico, reseñó un comunicado de prensa del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia.
La Dirección Nacional de Protección Civil y Administración de Desastres continuará convocando a los organismos sectoriales del Estado Venezolano, al igual que a empresas e instituciones privadas, con el fin de dar cumplimiento al ordenamiento jurídico y contribuir al desarrollo del país en materia de prevención y atención de desastre.

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